Mucho se ha hecho, últimamente, por rescatar el sentido cristiano de la Navidad. Por conseguir que en la fiesta de hoy, nuestro pensamiento se dirija básicamente al pesebre de Belén, más que al bolso de regalos de Santa Claus. Sin embargo, creo que el nacimiento de Cristo en Belén sólo se entiende plenamente, ligándolo a la segunda venida del Mesías, al fin de los tiempos.
Ante todo, el pesebre de Belén se nos ilumina en su sentido y valor, en función de que su estrella nos conduzca a conocer y procurar, seguir fielmente las enseñanzas de Cristo. Es el modo de aprovechar los frutos redentores de su posterior muerte y resurrección gloriosa.
Recordarlo en la hora actual, parece especialmente importante. Porque admirar a Cristo en su mera condición humana, va muy unido al error de convertirlo en fuente de un mensaje de simple amor sensible y afectivo. Y ni lo uno ni lo otro puede confundirse con el verdadero cristianismo.
Cristo trae al mundo como primera afirmación -y exigencia de fe- el reconocimiento de sus dos naturalezas: divina y humana. Es Dios Hijo encarnado. Ningún simple humanismo, aún apodado de cristiano, puede pretenderse pues equivalente al cristiano.
También Cristo insiste en que no hay verdadero amor si no es en la observancia de sus mandamientos. La caridad -virtud teologal- consiste en amar a Dios, y al prójimo por amor de Dios. Amores ambos inseparables entre sí e indisolubles, a su vez, de la moral cristiana. Jamás el amor cristiano podrá identificarse con la sensiblería blandengue o con el capricho relativista de creer que cada cual puede construir “su” propia moral subjetiva.
Con todo, lo anterior sólo cobra su plena dimensión desde la perspectiva de la segunda y postrera venida del Mesías. Aunque los católicos rezamos en el Credo de que Cristo “vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin”, hay quienes parecieran atribuir a esta verdad un supuesto carácter incierto o simbólico.
Quizás asusten a muchos los terribles efectos cósmicos que anunciarán la segunda venida de Cristo: “Se oscurecerá el sol y la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo y los poderes del cielo se conmoverán” (Mt. 24, 29).
Tal vez retraiga a algunos la gravedad de los signos morales que precederán ese acontecimiento: “antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de iniquidad, el hijo de perdición que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo”. (2 Tes.2, 3-4).
Acaso desinterese a otros del tema la creencia de que esos sucesos están muy lejanos y no los viviremos. A eso contesta San Pedro: “no se os oculte que delante de Dios un solo día es como mil años, y mil años como un solo día”. Y agrega: “pero vendrá el día del Señor como ladrón, y en él pasarán con estrépito los cielos, y los elementos, abrasados, se disolverán, y asimismo la tierra con las obras que hay”(2 Pt. 3,8 y 10).
El cristianismo es, por tanto, inseparable de la escatología o doctrina sobre las postrimerías. Tanto la escatología individual de nuestra propia muerte, como la escatología universal del fin de los tiempos, pertenecen a la esencia de la fe cristiana. Por nuestra muerte llegaremos a la contemplación de Dios, y por el fin de los tiempos y la segunda venida de Cristo, -o Parusía-, Él implantará Su reino en plenitud. Ese “cielo nuevo y tierra nueva” de que nos habla el mismo San Pedro, contra el cual no tendrá ya poder el demonio, el pecado ni la muerte.
Así como Israel fue elegido para ser el pueblo que por varios siglos esperase al Mesías que nacería de él, la Iglesia es el nuevo pueblo de Dios- institucional y jerárquicamente estructurado- que peregrina hacia la segunda venida del Señor.
La conspiración del silencio que hoy pesa sobre las postrimerías y el fin de los tiempos, es una obra diabólica para oscurecer todo el sentido cristiano y escatológico de la historia y del misterio redentor del Hijo de Dios encarnado.
Al dirigir hoy nuestro pensamiento al pesebre de Belén, pienso que un buen barómetro de la penetración en dicho misterio, es preguntarnos cuánto y cuán intensamente aguardamos la segunda venida de Cristo, en gloria y majestad, al fin de los tiempos.
Jaime Guzmán E.
jueves, diciembre 22, 2005
jueves, diciembre 15, 2005
Pasión de servir
Pasión de servir
Hernán Cheyre V.
Talleres Bicentenario
Escribo estas líneas a pocas horas de haberse conocido los resultados finales de las elecciones del domingo, y cuando todavía no se agotan los análisis de los efectos que este desenlace puede tener en el futuro político del país. Sin desconocer que el candidato que va a representar a la Alianza en la segunda vuelta tiene la capacidad y el talento para lograr un resultado que permita hacer realidad el anhelo de la alternancia, es obvio que la contribución de todos va a ser de vital importancia para lograr este cambio. En este contexto, el gesto de Joaquín Lavín de ofrecer su colaboración al comando de Sebastián Piñera como “un soldado más” adquiere una dimensión especial. Hay que tener en cuenta que la candidatura que logró pasar a la segunda vuelta se originó en un contexto conflictivo entre los partidos de la Alianza, que la campaña en sí no estuvo exenta de roces, y que hubo una rivalidad indiscutible entre ambos candidatos, originada por el legítimo derecho de cada uno de aspirar a encabezar el próximo gobierno. Sin embargo, más allá de este gesto puntual de Joaquín Lavín, que ciertamente lo enaltece como persona, creo de elemental justicia rendir un modesto homenaje al aporte realizado por él en todo este proceso.
Ya se ha escrito bastante sobre su evolución en la política, la cual ha tenido como sello característico el haber desarrollado una capacidad para sintonizar con los problemas reales de la gente, ideando soluciones creativas y de fácil aplicación, pero que muchas veces excedían los marcos tradicionales. Sin embargo fue precisamente esta originalidad la que lo encumbró como figura pública en el país, al punto de haber estado al borde de alcanzar la primera magistratura seis años atrás, ante el asombro de la clase política. Nadie podría dejar de reconocer que el estilo Lavín cambió la forma de hacer política en el país, habiendo sido precursor de un estilo que tuvo seguidores en todos los sectores.
En las elecciones del domingo pasado, el intento de alcanzar la cumbre se vio frustrado, provocando un golpe no fácil de digerir. Fueron para Joaquín Lavín años de preparación, de mucho esfuerzo, y enfrentando elevados costos personales. Su visión de futuro lo motivó a convocar la formación de los Talleres Bicentenario, instancia en la cual tuve el honor de poder participar, orientada a soñar con un Chile desarrollado, con mayor igualdad de oportunidades y sin pobreza. Más de 400 profesionales, durante más dos años, elaboraron un detallado diagnóstico acerca de cada uno de los sectores del país, proponiendo soluciones concretas para alcanzar esas anheladas metas durante la década del bicentenario. El esfuerzo realizado constituye probablemente el más serio esfuerzo realizado en el país como base programática de un futuro gobierno. Es cierto que el trabajo realizado fue esencialmente técnico, pero en todo momento el telón de fondo fue el sueño de un país distinto, y la impronta en este sentido fue el sello que le quiso dar el propio Joaquín Lavín. Sus intervenciones siempre apuntaron a precisar el impacto de una u otra medida en la situación de los más pobres, aspecto en el cual él tiene una ventaja natural, fruto de su contacto permanente con los más necesitados. En reiteradas oportunidades, sus propuestas fueron catalogadas de “populistas” por los adversarios políticos. En realidad, era sólo su orientación a la solución de problemas reales de la gente, dejando así de manifiesto una diferente priorización de las necesidades de los grupos más necesitados.
En su emocionado discurso del domingo en la noche, Joaquín Lavín manifestó que luego de esta aventura presidencial “se cerraba una puerta”, pero que “cada vez que se cierra una puerta, Dios abre una ventana”, y que desde ahora iba a comenzar a buscar esa ventana. Muchas veces, Joaquín Lavín ha señalado que una de las personas que más lo influyó para ingresar al servicio público fue Miguel Kast, impulsor de la mayoría de las reformas sociales que comenzaron a implementarse en el país a mediados de los años 70. Habiendo fallecido a muy temprana edad, Joaquín Lavín escribió un libro para preservar su memoria, y resumió la vida de Miguel en una sola frase: “Pasión de vivir”. Si hubiera que resumir también en una frase lo que ha sido hasta ahora la vida de Joaquín, no podría ser otra que “Pasión de servir”.
Por el bien de Chile, esperamos que la ventana que pronto se va a abrir mantenga esta misma orientación de servicio a los demás
viernes, octubre 28, 2005
Leyenda del Cuadro de la Virgen de los Copihues
LEYENDA DEL CUADRO DE “LA VIRGEN DE LOS COPIHUES” DE PURÉN
Era en el mes de febrero de 1910: cansado por el calor y su largo viaje, venía en el camino entre Cañete y Purén el Obispo Del Sol, en su gira apostólica que acostumbraba hacer todos los años por esas comarcas sureñas.
Los mocetones estaban preparando la merienda y buscaban un lugar donde se pudieran defender fácilmente del puma, abundante en esos parajes.
Por ese mismo camino iba pasando quejoso, un indio que al parecer tenía mucha edad. Al ver al sacerdote se detiene en actitud de observación, se acerca a uno de los mocetones y se inquiere de ellos que el señor Obispo (Del Sol), de sotana es un sacerdote. Afirmado en sus bastones, el indio, se apersona al Obispo Del Sol con gran reverencia y cariño, le refirió que siendo “Güaina” se le apareció (en medio de un bosque de copihues en lo alto de la cordillera de Nahuelbuta), una hermosa señora vestida de celeste, y que llevaba en sus brazos a su hijito, vestido con una túnica rosada como el interior del copihue. El niñito llevaba en su mano izquierda un libro, y con el puño derecho cerrado levantaba su dedo índice como si quisiera hablar. De repente todo el monte se movió, tuve miedo y quise arrancar, pero la señora me llamó: “Güeñecito”, me dijo, tu has visto como tus hermanos de raza se han portado con mis hijos que les envié, esos padrecitos vestidos de café, con una cuerda a la cintura y descalzos los pies, venían a esta tierra para darles a conocer quien es mi hijo. En vez de escucharlos les han tenido recelo, cuando no odio. Los han golpeado a muchos y a otros tantos los han muerto. Escúchame “Güeñecito”, días vendrán en que enviare a otros misioneros de otros colores, a ti te encargo que convenzas a tus hermanos de sangre que escuchen a los padrecitos de cualquier color que vistan y que hagan caso a los que les digan, si tú cumples mi encargo prometo asistirte en los momentos difíciles y te aseguro que no morirás sin haber recibido el gran Don de Dios, para comer el Pan del Cielo. Al oír eso el Obispo Del Sol preparó al indio a confesarse, pues estaba bautizado; toda una noche estuvo preguntándole nuevos detalles de la señora que había visto. Al día siguiente muy de alba, celebró la Santa Misa durante la cual le dio la Santa Comunión, dando gracias, juntos tomaron su desayuno después. Al separarse uno y otro se sentían emocionados y cada cual emprendió su camino en dirección distinta, pues el Obispo Del Sol venía a Purén.
Más o menos por el mismo tiempo, al año siguiente venía nuevamente a Purén trayendo un cuadro que representaba la aparición del indio.
El cuadro lo hizo pintar el mismo Obispo Del Sol, al óleo, utilizando para ello todos los detalles recordados por el viejo indio.
Al inaugurar el padre Pedro Lafontaine la capilla rural de Melinchique le dio en custodia este valioso cuadro, ya que la aparición descrita sucedió en los alrededores de esta capilla.
Era en el mes de febrero de 1910: cansado por el calor y su largo viaje, venía en el camino entre Cañete y Purén el Obispo Del Sol, en su gira apostólica que acostumbraba hacer todos los años por esas comarcas sureñas.
Los mocetones estaban preparando la merienda y buscaban un lugar donde se pudieran defender fácilmente del puma, abundante en esos parajes.
Por ese mismo camino iba pasando quejoso, un indio que al parecer tenía mucha edad. Al ver al sacerdote se detiene en actitud de observación, se acerca a uno de los mocetones y se inquiere de ellos que el señor Obispo (Del Sol), de sotana es un sacerdote. Afirmado en sus bastones, el indio, se apersona al Obispo Del Sol con gran reverencia y cariño, le refirió que siendo “Güaina” se le apareció (en medio de un bosque de copihues en lo alto de la cordillera de Nahuelbuta), una hermosa señora vestida de celeste, y que llevaba en sus brazos a su hijito, vestido con una túnica rosada como el interior del copihue. El niñito llevaba en su mano izquierda un libro, y con el puño derecho cerrado levantaba su dedo índice como si quisiera hablar. De repente todo el monte se movió, tuve miedo y quise arrancar, pero la señora me llamó: “Güeñecito”, me dijo, tu has visto como tus hermanos de raza se han portado con mis hijos que les envié, esos padrecitos vestidos de café, con una cuerda a la cintura y descalzos los pies, venían a esta tierra para darles a conocer quien es mi hijo. En vez de escucharlos les han tenido recelo, cuando no odio. Los han golpeado a muchos y a otros tantos los han muerto. Escúchame “Güeñecito”, días vendrán en que enviare a otros misioneros de otros colores, a ti te encargo que convenzas a tus hermanos de sangre que escuchen a los padrecitos de cualquier color que vistan y que hagan caso a los que les digan, si tú cumples mi encargo prometo asistirte en los momentos difíciles y te aseguro que no morirás sin haber recibido el gran Don de Dios, para comer el Pan del Cielo. Al oír eso el Obispo Del Sol preparó al indio a confesarse, pues estaba bautizado; toda una noche estuvo preguntándole nuevos detalles de la señora que había visto. Al día siguiente muy de alba, celebró la Santa Misa durante la cual le dio la Santa Comunión, dando gracias, juntos tomaron su desayuno después. Al separarse uno y otro se sentían emocionados y cada cual emprendió su camino en dirección distinta, pues el Obispo Del Sol venía a Purén.
Más o menos por el mismo tiempo, al año siguiente venía nuevamente a Purén trayendo un cuadro que representaba la aparición del indio.
El cuadro lo hizo pintar el mismo Obispo Del Sol, al óleo, utilizando para ello todos los detalles recordados por el viejo indio.
Al inaugurar el padre Pedro Lafontaine la capilla rural de Melinchique le dio en custodia este valioso cuadro, ya que la aparición descrita sucedió en los alrededores de esta capilla.
viernes, septiembre 16, 2005
Nuestro Modo de Ser
NUESTRO MODO DE SER
Las Fiestas Patrias invitan a reflexionar sobre nuestra idiosincrasia. No para
limitarnos a constatarla, sino para procurar superarnos, a partir de lo que somos.
Los chilenos tenemos virtudes que nos enorgullecen. Somos hospitalarios
para acoger al extranjero, abriéndole nuestra patria y nuestros hogares. Hemos
amalgamado así a millares de inmigrantes de las más variadas procedencias, que
rápidamente se sienten a y pasan a ser integralmente chilenos. Somos altivos, en
cambio, para defender nuestra soberanía ante cualquier intento de presionarnos o
dictarnos lecciones en asuntos que nos compete resolver sólo a nosotros.
Somos solidarios ante el familiar o amigo más desvalido. La institución del
“allegado” lo ejemplifica, especialmente entre los más pobres. ¡Cuánto ejemplo
brinda el que sabe compartir lo poco que tiene! Somos sobrios y ajenos a
estridencias que menospreciamos como “tropicalismos”. Somos apegados a la
juricidad y amantes del orden. Por eso buscamos y respetamos a la autoridad
fuerte y justa.
He ahí algunas de nuestras principales virtudes. Pero nuestra idiosincrasia
carga también con arraigados defectos. Nos falta espíritu de trabajo, fruto de una
cierta tendencia a la flojera. Apreciamos más bien al que triunfa sin mayor
laboriosidad. Desde niños desdeñamos como “mateo” al estudiante que triunfa
con su esfuerzo, ensalzando al que obtiene buenas calificaciones sin estudiar, con
lo que malentendemos como “picardías criollas”.
Por otro lado, así como nos sobran buenas ideas, generalmente nos falta
perseverancia para llevarlas a cabo. Quizás por construir un bien escaso, quien es
perseverante tienen en Chile una ventaja comparativa difícilmente igualable.
En fin, la envidia sobresale entre nosotros a través de la institución nacional del
“chaqueteo”. Pareciera que más que progresar ellos mismos, a muchos chilenos les
interesa más que no lo haga el del lado.
¿Pueden corregirse los defectos de una idiosincrasia? Pienso que sí. Noto,
por ejemplo, que surge una mentalidad más competitiva y ganadora en nuestra
juventud, que ya no se conforma con “triunfos morales”, sino que anhela superarse
para superar a los demás. Y creo que ello es perfectamente compatible con un
auténtico espíritu solidario.
Más aún, rectificar los defectos y reforzar las virtudes de la propia
idiosincrasia pareciera el único camino de progreso profundo y duradero para un
pueblo.
Jaime Guzmán E.
La Tercera, septiembre 1987
Las Fiestas Patrias invitan a reflexionar sobre nuestra idiosincrasia. No para
limitarnos a constatarla, sino para procurar superarnos, a partir de lo que somos.
Los chilenos tenemos virtudes que nos enorgullecen. Somos hospitalarios
para acoger al extranjero, abriéndole nuestra patria y nuestros hogares. Hemos
amalgamado así a millares de inmigrantes de las más variadas procedencias, que
rápidamente se sienten a y pasan a ser integralmente chilenos. Somos altivos, en
cambio, para defender nuestra soberanía ante cualquier intento de presionarnos o
dictarnos lecciones en asuntos que nos compete resolver sólo a nosotros.
Somos solidarios ante el familiar o amigo más desvalido. La institución del
“allegado” lo ejemplifica, especialmente entre los más pobres. ¡Cuánto ejemplo
brinda el que sabe compartir lo poco que tiene! Somos sobrios y ajenos a
estridencias que menospreciamos como “tropicalismos”. Somos apegados a la
juricidad y amantes del orden. Por eso buscamos y respetamos a la autoridad
fuerte y justa.
He ahí algunas de nuestras principales virtudes. Pero nuestra idiosincrasia
carga también con arraigados defectos. Nos falta espíritu de trabajo, fruto de una
cierta tendencia a la flojera. Apreciamos más bien al que triunfa sin mayor
laboriosidad. Desde niños desdeñamos como “mateo” al estudiante que triunfa
con su esfuerzo, ensalzando al que obtiene buenas calificaciones sin estudiar, con
lo que malentendemos como “picardías criollas”.
Por otro lado, así como nos sobran buenas ideas, generalmente nos falta
perseverancia para llevarlas a cabo. Quizás por construir un bien escaso, quien es
perseverante tienen en Chile una ventaja comparativa difícilmente igualable.
En fin, la envidia sobresale entre nosotros a través de la institución nacional del
“chaqueteo”. Pareciera que más que progresar ellos mismos, a muchos chilenos les
interesa más que no lo haga el del lado.
¿Pueden corregirse los defectos de una idiosincrasia? Pienso que sí. Noto,
por ejemplo, que surge una mentalidad más competitiva y ganadora en nuestra
juventud, que ya no se conforma con “triunfos morales”, sino que anhela superarse
para superar a los demás. Y creo que ello es perfectamente compatible con un
auténtico espíritu solidario.
Más aún, rectificar los defectos y reforzar las virtudes de la propia
idiosincrasia pareciera el único camino de progreso profundo y duradero para un
pueblo.
Jaime Guzmán E.
La Tercera, septiembre 1987
viernes, septiembre 02, 2005
Camino Purén - Lumaco

Un infierno ruta Purén-Lumaco
La fotografía da una idea del estado en que se encuentra la ruta de 24 kilómetros de Purén a Lumaco, que afecta a unas 3.500 personas.
El pésimo estado de la ruta que une Purén con Lumaco origina serios problemas al 50 por ciento de la gente que transita por allí, estimada en unas 3.500 personas. Los más perjudicados son los niños, ya que una empresa de buses que viene de Concepción, ya no pasa por el sector, sino que da la vuelta por Los Sauces, sector Las Rosas.
Así lo denunció el concejal de Purén Carlo Zanetti, quien agregó que por tal motivo muchos niños no llegan a los, colegios, y los pequeños productores no pueden sacar sus mercaderías hasta la feria libre de Purén. Por la tarde, cuando la gente debe regresar a sus hogares, no tiene cómo hacerlo, con todos los problemas que ello acarrea.
DEPENDE DE TEMUCO
Dijo Zanetti que se ha abordado el tema en numerosas oportunidades y se han realizado otras tantas gestiones.
Se ha llegado a la Dirección de Vialidad de Malleco, pero allí les indicaron que el tema corresponde a la Dirección Regional con sede en Temuco
Denunció que hay una empresa a cargo de la mantención de la ruta, y que recibe un pago mensual desde enero a la fecha, pero sin que su trabajo se vea reflejado en un mejoramiento de la vía.
“A este camino no se le ha pasado máquina desde octubre de 2004, lo que nos lleva a pensar que la empresa puede estar utilizando esos dineros en otros fines. Zanetti dijo desconocer el nombre de la empresa a cargo de los trabajos. “Lo que sí sabemos es que la mantención de esa ruta se le adjudicó una empresa, la cual no ha estado cumpliendo el contrato”.
Como dato ilustrativo, el concejal purenino dijo que es la única ruta que une a dos comunas en la provincia que no está asfaltada “lo cual significa un evidente atraso para nuestros sectores rurales, porque ven dificultado su acceso al centro urbano que es Purén.
SIN RESPUESTA
Añadió que el Municipio ha oficiado a diversas instancias pero hasta ahora no ha habido una respuesta clara.
”Se habla mucho de igualdad, pero el hecho de tener un camino en tales condiciones significa una desigualdad tremenda para la gente más necesitada. El intendente está en conocimiento del problema, pero tampoco hemos visto nada positivo de su parte al respecto”.
El Cambio todavía es Urgente

MENOS COMPLACENCIA: EL CAMBIO TODAVÍA ES URGENTE
La carrera presidencial se ha desatado y pareciera que el gobierno cree tener el resultado asegurado. Ad portas del último año de la administración Lagos, distintas encuestas lo han empinado por sobre el 60% de aprobación, así como recientes estudios de opinión concluyen que la mayoría de las preferencias están a favor de la candidata de la Concertación.
Adicionalmente, se ha impuesto en los últimos meses, gracias a una constante política de comunicación y marketing por parte del oficialismo, la idea de que Chile vive en algo así como en un paraíso terrenal. Con ello, un estado de anestesia se ha apoderado de la gente, lo que sumado a un escenario económico internacional favorable a nuestro país, ha derivado en una preocupante actitud de complacencia con el gobierno y sus políticas.
Sin embargo, la suerte de Lagos de contar desde el 2004 con una inyección de recursos frescos debido al aumento del precio del cobre, no se ha expresado en mejoras para la calidad de vida de las personas comunes y corrientes. En efecto, donde históricamente la izquierda ha centrado su discurso y sus esfuerzos, esto es la igualdad de oportunidades, es precisamente donde se identifican las mayores deficiencias en la gestión del actual gobierno. Así, problemas urgentes y aún no resueltos continúan siendo la seguridad ciudadana, el desempleo, la calidad de la salud y educación y las oportunidades para el emprendimiento.
Sobre estos temas, el gobierno no ha avanzado y, por el contrario, sólo ha generado falsas expectativas a través de permanentes programas y medidas de parche, que denotan una falta de rigurosidad y profundidad al momento de abordarlos.
En términos de la seguridad ciudadana y pese al publicitado programa "Comuna Segura, Compromiso Cien", la cantidad de denuncias ha aumentado -especial y paradójicamente en las comunas en las que se desarrolla este sistema-, sin considerar que no existe una herramienta eficaz que permita estimar con exactitud la realidad de la delincuencia en el país. Asimismo, el Programa en comento no cuenta con sistemas de evaluación y control, lo que ha significado su réplica en 56 comunas, sin haber ido estableciendo cuál es su real éxito y eficacia.
Este esquema se repite en las oportunidades de trabajo, problema básico en la superación de la pobreza y la disminución en los índices de delincuencia, donde la Concertación ha mostrado su mayor debilidad y desgaste. El INE entregó en enero las tasas de desempleo del año pasado, las que ascendieron a un 8,8% promedio del país en el año 2004, tres décimas más que el año anterior, lo que significa 29.253 más desempleados, en promedio, que el 2003.
El principal problema del trabajo está bien determinado: rigidez. Las cifras muestran que el mayor desempleo se da entre los jóvenes y las mujeres, ante la imposibilidad de generar flexibilidad en sus contratos ¿Qué solución da gobierno a estas personas? Básicamente programas de generación de empleo a nivel local, que son artificiales puesto que no permanecen en el tiempo.
Por otra parte, hoy en día la salud y la educación enfrentan serios problemas en términos de la brecha cualitativa que separa al sector privado y público. En salud, la atención primaria no ha logrado imponerse como elemento de contención para la salud de mayor complejidad y se mantiene la incertidumbre en la protección sanitaria y financiera de cientos de personas, puesto que el Plan Auge sólo garantiza un mínimo de prestaciones, entre las que no se cuentan una serie de enfermedades aleatorias que no están protegidas por ningún seguro.
Finalmente, el gobierno no ha logrado superar la burocracia estatal que inhibe el emprendimiento y que nos sitúa en el lugar 51 de un total de 75 países en el ranking de facilidades para los proyectos de inversión. Cabe también considerar los incrementos en el costo de la vida, a través del aumento del IVA a un 19%, el posible aumento de contribuciones y los cobros que traerá consigo el funcionamiento de las carreteras urbanas concesionadas, donde el costo para los particulares es proporcionalmente mayor a la recaudación de las empresas que tienen el privilegio de prestar este servicio.
En definitiva, si bien el gobierno del Presidente Lagos ha cumplido básicamente lo que se espera de cualquier administración en este país, la incapacidad de dar soluciones de fondo y con contenido a las demandas e intereses profundos de la ciudadanía, impiden hablar y creer que el Chile de hoy es lo mejor a lo que podemos aspirar. Nuestros recursos y potencialidades, administrados de manera eficaz y honesta, pueden y deben rendir mucho más, especialmente para aquellos que más lo necesitan.
Más aún, la debilidad de esta administración en dar respuesta satisfactoria a la desigualdad de oportunidades la demostraron también los dos gobiernos anteriores de la Concertación. Por ello es difícil esperar que un cuarto período de la misma tendencia, con los mismos rostros que se enrocan de un cargo a otro y con la misma idea de cómo hacer políticas públicas, pueda superar con éxito estos desafíos.
CARLO ZANETTI CACERES
CONCEJAL UDI PUREN
jueves, septiembre 01, 2005
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